Sostenibilidad en el Global South: Retos y Oportunidades
HM
La sostenibilidad en el Global South no empieza en el carbono
Durante años, gran parte de la conversación global sobre sostenibilidad ha sido escrita desde lugares donde las necesidades básicas, la infraestructura pública, el acceso a servicios y la estabilidad institucional ya están relativamente resueltos. Desde esa realidad, es comprensible que el debate se haya concentrado en carbono, regulación, disclosure, taxonomías, riesgos financieros, transición energética y cumplimiento ESG.
Todo eso es importante, y sería un error desconocerlo. El mundo necesita medir mejor, reportar con mayor transparencia, reducir emisiones con mayor velocidad y movilizar capital hacia actividades compatibles con un futuro bajo en carbono. Sin embargo, cuando esa conversación llega al Global South sin suficiente contexto, muchas veces pierde sensibilidad frente a una realidad mucho más compleja, donde la sostenibilidad no puede separarse de la necesidad de crecer, generar empleo, cerrar brechas, mejorar infraestructura, garantizar acceso al agua, fortalecer la seguridad alimentaria y construir resiliencia frente a un clima que ya está cambiando.
En nuestra región, hablar de sostenibilidad no es solamente preguntarse cómo reducir emisiones. Es preguntarse cómo desarrollarnos sin volvernos más vulnerables; cómo seguir creciendo sin comprometer el agua, la energía, el territorio y la calidad de vida; cómo construir empresas, ciudades e instituciones capaces de competir en un mundo más exigente, sin perder de vista que muchas de nuestras urgencias siguen siendo profundamente humanas.
Una agenda global que necesita traducción local
Los marcos internacionales han elevado el estándar de la conversación y han sido fundamentales para ordenar conceptos, establecer métricas y exigir mayor responsabilidad. Pero una cosa es reconocer su valor y otra muy distinta es asumir que pueden aplicarse de manera mecánica en realidades tan distintas como las de América Latina, África o el Sudeste Asiático.
Una planta industrial en Perú, una agroexportadora en Ica, un campus universitario en Lima, un hotel en Cusco, un puerto en la costa o un centro logístico en una ciudad intermedia no enfrentan exactamente las mismas condiciones que un activo ubicado en Londres, Ámsterdam o Nueva York. Aquí los desafíos suelen combinar presión operativa, presupuestos limitados, infraestructura que envejece, brechas de medición, informalidad en parte de la cadena de valor, costos energéticos, estrés hídrico, vulnerabilidad climática y una distancia todavía grande entre la ambición estratégica y la capacidad real de ejecución.
Por eso, la sostenibilidad en el Global South no puede ser una agenda importada sin traducción. Tiene que convertirse en una herramienta práctica para tomar mejores decisiones, asignar mejor el capital, reducir pérdidas invisibles, proteger recursos críticos y fortalecer la competitividad de organizaciones que no pueden darse el lujo de elegir entre desarrollo y responsabilidad.
Crecer mejor, no crecer menos
Uno de los errores más frecuentes es presentar la sostenibilidad como si fuera una invitación a frenar el desarrollo. En nuestra región, esa lectura no solo es insuficiente; también es injusta. El Global South no necesita que le pidan crecer menos. Necesita modelos para crecer mejor, con infraestructura más eficiente, operaciones mejor gestionadas, activos más resilientes, decisiones basadas en datos y una visión empresarial capaz de reconocer que el desperdicio de recursos, las emisiones no gestionadas y la falta de control operativo también son formas de pérdida económica.
La sostenibilidad, entendida desde nuestra realidad, no debería sentirse como una restricción externa, sino como una oportunidad para descubrir valor donde antes solo veíamos costos inevitables. Muchas organizaciones pierden agua, energía, materiales, tiempo, productividad y capacidad de gestión sin tener plena visibilidad de esas pérdidas. Otras avanzan con buenas intenciones, pero sin una ruta suficientemente clara para convertir sus compromisos ambientales en decisiones operativas medibles, financiables y sostenibles en el tiempo.
Ahí aparece una verdad incómoda, pero necesaria: en el Global South, la sostenibilidad no será relevante si se queda atrapada en el lenguaje del reporte. Será relevante cuando ayude a operar mejor, a gastar mejor, a invertir mejor, a medir mejor y a construir confianza desde resultados concretos.
La sostenibilidad como capacidad de gestión
Durante mucho tiempo, muchas empresas trataron la sostenibilidad como una agenda paralela, ubicada entre la memoria anual, la reputación corporativa y algunos proyectos de alto valor simbólico. Esa etapa está quedando atrás. Hoy, la sostenibilidad que realmente importa empieza a integrarse en el corazón de la gestión, porque revela preguntas que antes no siempre se hacían con suficiente profundidad: dónde se pierden recursos, dónde se concentran emisiones, qué activos están operando por debajo de su potencial, qué decisiones de mantenimiento afectan el desempeño futuro, qué datos faltan para controlar mejor y qué inversiones pueden generar valor económico, ambiental y reputacional al mismo tiempo.
Cuando la sostenibilidad entra en la operación, deja de ser una promesa abstracta y se convierte en una forma distinta de mirar el negocio. Ya no se trata únicamente de cumplir con un estándar, sino de comprender cómo la eficiencia, la resiliencia, la descarbonización y la competitividad pueden formar parte de una misma estrategia. Esa es probablemente una de las mayores oportunidades para nuestra región: transformar activos físicos existentes —plantas, edificios, campus, centros logísticos, hoteles, clínicas, puertos o portafolios inmobiliarios— en plataformas de desempeño, control y creación de valor.
Los países desarrollados tienen la responsabilidad de apoyar al Global South en sus esfuerzos por lograr un desarrollo sostenible. Esto no solo beneficiará a estas regiones, sino al mundo en su conjunto, creando un futuro más equitativo y sostenible para todos.
Una mirada desde Regenerativa
En Regenerativa creemos que América Latina no necesita copiar una sostenibilidad diseñada para otras realidades. Necesita construir una sostenibilidad propia, rigurosa y medible, pero también profundamente conectada con desarrollo, resiliencia y dignidad. Una sostenibilidad que no se conforme con declarar intenciones, sino que ayude a las organizaciones a identificar dónde pierden valor, dónde se concentran sus emisiones, dónde existen brechas de gestión y qué oportunidades merecen priorización económica.
Nuestro trabajo parte de esa convicción. Ayudamos a traducir la sostenibilidad en decisiones operativas concretas, para que los activos físicos de una organización no sean vistos únicamente como infraestructura que consume recursos, sino como espacios donde se puede recuperar eficiencia, fortalecer el control, reducir emisiones, preparar rutas Net Zero y construir ventajas competitivas reales.
El final feliz para nuestra región no será parecerse al Norte Global ni repetir sus fórmulas con algunos años de retraso. El final feliz será demostrar que podemos crecer con inteligencia, elevar nuestra competitividad, cuidar nuestros recursos críticos y construir prosperidad sin hipotecar el futuro.
Porque en el Global South, la sostenibilidad no empieza en el carbono. Empieza en una pregunta mucho más profunda: qué tipo de desarrollo somos capaces de construir cuando decidimos operar mejor, medir mejor y cuidar mejor aquello que sostiene nuestra vida y nuestra economía.
